Santo Domingo.- (Leo Herasme) Recuerdo con mucha jocosidad y a la vez comparto con los lectores, como conocimos la real historia y leyenda que respaldan el origen del famoso ‘cuadro en la pared’ que acompañó a muchos de nosotros en nuestras infancia.

Hace ya unos años, una vieja amiga, nos cuenta que al mudarse de su casa materna por viaje o estudios, ella se dirigió a la pared a desmontar “mi cuadro” del comedor, su madre la inquiere y le pregunta, Margo’, “¿ para donde tu llevas ese cuadro ?”, a lo que ella le contesta, “Oh, Mami. Me llevo mi cuadro, ¿ esa no soy yo ?”.

Nuestra amiga creció pensando que el cuadro de la niña Nigüenta era ella.

Margo’, al tiempo que nos contó al otro día la anécdota con su madre, un poco escondiendo su frustración, prácticamente nos demanda; “Tu que vives leyendo e investigando cosas, averiguame quien es la ‘carajita’ del cuadro, la que se esta sacando espinas”.

En las diferentes formas en que en las Américas nombra los mismos ‘bichos‘, en Costa Rica y otros países las llaman niguas, son una especie de pulgas o ‘Tunga penetrans‘, por su nombre oficial.

La Niña Nigüenta llegó a Costa Rica a mediados del siglo XIX, de donde se popularizó y exportar a otras naciones de América.

La niña Nigüenta (sacándose la niguas), es una figura venerada en algunos estratos sociales de Costa Rica, casi como se venera una virgen, sin que esta tenga, claro está ninguna leyenda de milagros o acción salvadora que soporte su veneración real, más allá de anécdotas locales que con el tiempo dieron forma de amuleto casero y simplemente la tradición le atribuye ‘poderes de buena suerte‘, como el pan o la herradura que colgamos, a tal extremo, que una figura de yeso de la niña Nigüenta, cuesta casi el doble que el de la misma Virgen de los Ángeles, patrona del pueblo Tico.

En América Latina, muchos de los atributos que se le dan a determinadas imágenes son proyecciones de antiguas creencias mestizas. En el paganismo había distintas deidades dedicadas al hogar. La Nigüenta puede ser el sucedáneo de una deidad de carácter hogareño y pertenece a la misma tradición que nos hace colgar ajos o una hoja de sábila detrás de las puertas, la misma tradición de guardar un clavo herrumbrado para la buena suerte o una herradura. Todas se relacionan con espantar la mala suerte. La Nigüenta está inscrita en este tipo de tradiciones”, asegura el folclorista costarricense, Dionisio Cabral.

El mismo folclorista, Cabral afirma que podría tratarse de la ‘transculturación’ europea de otras leyendas y mitos traídos del viejo continente, hoy de principios y fundamentos culturales del país. Lo que ocurre con los ritmos musicales de América hispana que agregamos nosotros a nuestro ritmos autóctonos (como nuestro merengue), refiriéndose al ‘Niño de la espina‘ o Spinario capitolino, figura del siglo primero de origen Helenista y a otros más del mismo estilo artístico.

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