Los virus evolucionaron como forma simplificada de algo que existió hace mucho tiempo, o una culminación final de elementos genéticos más pequeños unidos.

Se cree que acompañan la vida desde sus inicios hace aprox. 4.5 millones de años.

Algunos consideran que los virus son una forma de vida, ya que transportan material genético, se reproducen y evolucionan a través de la selección natural, aunque carecen de características clave (como la estructura celular) que generalmente se consideran necesarias para contar como vida. Las células nacen, crecen se reproducen (duplican) y mueren, los virus no pueden duplicarse por si solas.

Para encontrarse virus fuera del planeta, tendría que ser alojado en una célula (vida).

Primera hipótesis origen del virus: los virus evolucionaron a partir de moléculas complejas de proteínas y ácido nucleico antes de que las células aparecieran por primera vez en la Tierra. Según esta hipótesis, los virus contribuyeron al aumento de la vida celular, esto está respaldado por la idea de que todos los genomas virales codifican proteínas que no tienen homólogos celulares. La hipótesis del virus primero ha sido descartada por algunos científicos porque viola la definición de virus, ya que requieren una célula huésped para replicarse.

Hipótesis de reducción (hipótesis de degeneración): los virus alguna vez fueron células pequeñas que parasitaban células más grandes, esto está respaldado por el descubrimiento de virus gigantes con material genético similar a las bacterias parásitas, sin embargo, la hipótesis no explica por qué incluso los parásitos celulares más pequeños no se parecen en nada a los virus.

Hipótesis de escape (hipótesis de vagancia): algunos virus evolucionaron a partir de fragmentos de ADN o ARN que «escaparon» de los genes de organismos más grandes, esto no explica las estructuras que son exclusivas de los virus y que no se ven en ninguna parte de las células. Tampoco explica las complejas cápsidas y otras estructuras de partículas de virus.

El crecimiento y evolución de los mamíferos parecería ser parte de la historia común en la biología del planeta, pero hubo un giro que probablemente no conocíamos: si no fuera por un virus.

Uno de los pocos sobrevivientes del impacto del asteroide hace 65 millones de años fue una criatura pequeña, peluda y parecida a una musaraña que vivía en madrigueras subterráneas y sólo se aventuraba a salir de noche, cuando los depredadores no estaban activos.

La criatura, que se estima es el origen del producto de unos 100 millones de años de evolución, parecía un mamífero moderno, con vello corporal y glándulas mamarias, excepto por un pequeño detalle: según un estudio genético reciente, no tenía placenta y su tipo nunca podría haber evolucionado si no fuera por un encuentro casual con un retrovirus.

A diferencia de la mayoría de los virus que infectan, se replican y luego abandonan a su huésped, los retrovirus se abren paso en el genoma de su huésped, donde se copian y pasan a las células hijas durante toda la vida del huésped, este retrovirus, sin embargo, logró colarse en uno de los espermatozoides u óvulos de nuestro antepasado, pudiendo transmitirse a cada célula en cada generación posterior.

Virus y host (huésped) se habían convertido en uno.

El ADN viral utilizó sus propios genes para copiarse, insertando esas copias en otras partes del genoma del huésped, estas copias podrían expresarse en diferentes partes del cuerpo en diferentes momentos, una relación simbiótica que le dio a la musaraña algunas materias primas adicionales para desarrollar nuevas funciones.

Las proteínas virales ya tenían funciones, es mucho más fácil tomarlos prestados que evolucionarlos desde cero«, dijo Aris Katzourakis, bióloga evolutiva de la Universidad de Oxford.

En ese posible mamífero que vivió hace 160 millones de años, un retrovirus simbiótico le permitió desarrollar una placenta a lo largo de muchas generaciones para permitir que un feto maduro dentro del útero de una madre, un animal necesitaba una forma de proporcionar oxígeno y nutrientes al tiempo que eliminaba los desechos y mantenía separados los suministros de sangre. Nació la placenta en mamíferos.

En el desarrollo de los mamíferos, la placenta fetal es el primer órgano que se forma y es responsable de anclar el embrión al útero y mediar el intercambio fisiológico con la madre. La placenta sostiene al feto durante todo el embarazo, y los defectos en la placentación son la raíz de muchas complicaciones del embarazo. Sin embargo, a pesar de su importancia para la evolución, el desarrollo y la salud reproductiva, la placenta es posiblemente la menos entendida de todos los órganos de los mamíferos.


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