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Partido, gobierno y democracia

Elso Segura, miembro del Comité Político del PLD.

Lunes 3 de julio 2017. Por Elso Segura.

La historia politica de Republica Dominicana de los últimos 50 años, registra una relación entre los partidos políticos gobernantes y los gobiernos de turnos, que bien pudiera ser considerada como disfunsional, arritmica o irregular.

Esta arritmia entre gobiernos y partidos políticos, es consecuencia de la naturaleza misma de los partidos, que más que partidos políticos, organizados, con una misión y un compromiso estratégico con la sociedad a la que dicen representar, en realidad son simples maquinarias electorales al servicio de un reducido núcleo de dirigentes que se comportan como patronos.

Estos partidos político tienen como único objetivo, captar simpatías para que ejerzan el sufragio en favor de los candidatos de turno, mientras confunden a las militancias con sueños y falsas promesas, que luego de llegar al poder las olvidan o “se hacen de la vista gorda”, como reza el refrán popular.

Los funcionarios que surgen como consecuencia de esa relación arritmica entre partido y gobierno, suelen comportarse como verdaderos patronos, que ven el Estado o la institución que les toca dirigir, como una propiedad privada de la que pueden disponer a su libre albedrío, violando todas las normas de la administración pública moderna. Unas de las consecuencias derivadas de este estilo de gestionar el Estado y sus agencias, es el nepotismo, el clintelismo y la corrupción.

Cuando se gobierna y se administra el Estado con este estilo, sale afectado medularmente el sistema democrático, ya que se vulneran los principios de igualdad de oportunidades, la meritocracia, la transparencia, la participación ciudada y un conjunto más de atributos propios de la democracia.

Esta manera disfunsional y arritmica de operar de los partidos políticos y gobiernos en la República Dominicana, se ha convertido en una cultura, lo que hace que la mayoría de la población lo vea como algo normal, y más que cuestionarlo, buscan adaptarse y formar parte de ese entramado mórbido, que daña los simientes más nobles de la sociedad y el sistema democrático.

Es por ello que al momento de gobernar, la opinión del partido no es la que cuenta , sino, la voluntad omnímoda del mandatario y sus más cercanos colaboradores, bulnerando no sólo la institucionalidad del Estado, sino además, la institucionalidad y la responsabilidad social del mismo partido que lo catapulta al poder.

Las políticas públicas no deben ser producto exclusivo de la voluntad del equipo de gobierno, éstas tienen que ser concebidas además, por el partido gobernante, sobre la base de su vision, mision y su plan estrategico, lo que a su ves deberá recogerse en el plan de gobierno del mandatario de la nación.

No siendo así, estaremos irremisiblemente compelidos a seguir participando cíclica mente, de los escándalos de corrupción que nos tienen acostumbrados los últimos gobiernos constitucionales que ha tenido el país, luego del derrocamiento de Juan Bosch.
Por Elso Segura.

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