Las dunas tiemblan, pocas son las especies que la habitan, la máquina y el hombre clavan sus fuertes garras, comiendo a dentelladas el vientre limpio y fresco del paisaje.

Como fantasmas en un cuerpo etéreo, cavan tumbas y exportan los cuerpos disecados de las sagradas Dunas de Bani, tragando arena y grava, indetenibles van, con su pico de acero escarban, desentierran, contaminan los fósiles guardados en el tiempo.

Nadie los ve llegar, cabalgan como sombras en la noche, nada los detiene, los autos se desplazan con la mirada absorta del viajero, mientras el ave canta, los páramos y juncos se estremecen.

La mano que depreda no cesa en su opulencia, el daño miserable es bendecido por todas las infamias, por todas las instancias o las manos ocultas del poder.

FREDDY TERRERO MELO (TITIN)
ENERO, 2018.

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